
- Hoy el sol amarilleaba más de lo acostumbrado, ¿te has fijado Xoco?
- No amo, yo en si el sol amarillea más o amarillea menos no me fijo. Responde apático.
- Y el alborotar de los gorriones, como que ya empieza a anunciar los preludios del amor y los cortejos…, ¿sabes?
- ¡Puaj!, demasiado escándalo a horas que aún se duerme.
- Y el aire como que nos quiere inundar los sentidos de olores nuevos, recién nacidos, le digo
- Amo, a ti la primavera te produce siempre este empalago o, ¿es solo por aburrirme?
- Mira: si da la sensación, que cada nube sea como un suspiro de alguna niña enamorada que piensa en su amor.
- Tu puedes ver suspiros..., yo ni por asomo amo, me responde con un tono burlón.
- Y las flores…, ¿qué me dices de este estallido de color, de forma, de perfumes exóticos y naturales?
- Que me produce alergia y me dan ganas casi de cagar con tanta almibarada frase que me sueltas.
- Xoco, déjate seducir. Que la luz te inunde, que los olores te emborrachen. La primavera es la estación de la alegría, del dejarse llevar, del goce de los sentidos en toda su plenitud.
- Con todo el respeto amo…, tanta sensiblería me acerca a la náusea.
- ¡Xoco, hasta aquí he llegado contigo! ¡De ahora en adelante hablaremos sólo de los programas de la tele, de cómo bailan, o como cantan, y de política y de la crisis, mucha crisis!... ¿Te parece! Le digo más que molesto.
Se percata, como es listo, de mi enfado, que bien es verdad también lo he provocado, para que negarlo. Mi sensibilidad con la estación no alcanza a tanta pegajosa admiración. Y va y me responde pesaroso:
- Para demostrarte que puedo ser sensible, dame una semana y te compongo un poema.
- No me lo creo, pero te voy a dar la oportunidad. ¡Poeta! Le digo con sorna.
- Amo, en el próximo post. Te lo juro


