
Esta noche no parece una noche cualquiera, Xoco ha salido al jardín y se ha quedado absorto mirando una luna clara, redonda y tierna como un queso de bola. A permanecido así yo diría que casi una hora. Ya cansado y por si le pasaba algo he salido a preguntarle cuando ya empezaba a refrescar, no fuese que fuera a coger frío. ¡Que después lo tengo recorriendo todas las habitaciones de la casa como alma en pena, mendigando mimos y cariños y quejándose de lo mal que está! Y es que es muy mal enfermo.
En estas estamos cuando me dice
-Amo…, me tienes que pedir cita con una psicóloga.
-Y eso ¿por qué?
-A mi me da que estoy en una depresión
Los dos seguimos mirando esa luna que nos embruja mientras hablamos. Se ha levantado un ligero vientecillo que han empezado a menear las nubes de su sitio y amenazan con ocultárnosla.
-¿Y tu crees que hablar con la psicóloga te va a quitar la depresión?
-Amo no lo sé, sinceramente…, que ni lo creo ni lo dejo de creer, pero me escuchará.¿No te parece?
-¿Y para que quieres que te escuche?..., si me tienes a mi que lo mismo te valgo para un roto que para un descosido.
-Ya…, si tu me escuchas, pero hay cosas que uno solo puede decirle al cura en confesión o al psicólogo en consulta de pago.
-Yo creía que no había secretos entre tu y yo, le digo
-Las parejas tienen secretos que no se confiesan, amo entiéndelo.
-Voy a terminar por darte la razón porque digo yo que, para que vamos a egañarnos... ¿Tu crees que ZP le cuenta todo a Sonsoles, o que todo era cristalino entre Isabel y Fernando, o entre tu admirado Batman y Robin, o crees que había una relación perfecta entre Ortega y Gasset
-Amo ahí te has pasado de listo. ¡Anda que tu también necesitas un psicólogo! Mira que querer reírte de un perro en sus horas más bajas. Hay que tener pocas entrañas
-Xoco…, pero que mal genio tienes.


