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sábado, 11 de abril de 2009

¡Adios vecina...!


- ¡Adios vecina, que pases un buen día¡
- ¡Con Dios vecino! Me responde mientras se aleja y sin poder remediarlo vuelvo la cabeza para ver como con gracia el vuelo de su falda se mueve rítmico a cada paso de tacón suyo sobre unas hermosas piernas.
- Amo, con todos los respetos. Ya no se escribe así.
- Puede ser, pero soy esclavo de lo viejo y de los escritores de postguerra.
- ¿Amo, a ti te gusta la vecina?
- Pues mira…, unas veces si y otras no.
- Si, ya…, entiendo. Las mujeres, que los hombres miráis con deseos lujuriosos, le termináis por poner siempre algún pero. Matices que llamarías tu. Me contesta respondón
- Me gusta, le digo, cuando en invierno viste con medias negras y faldas cortas; cuando en primavera se pone de tirantes y más aún cuando nos cruzamos con ella y lleva el palabra de honor que le deja al aire los hombros. Cuando me dice eso de: “vecino tu que eres más leído, dime de algún libro”. Y es que a uno le da gusto que le digan eso de que es un hombre leído, Xoco.
- ¿Y las veces que no, amo?
- ¿Recuerdas cuando le da folklórica y afirma rotundamente que ya no hay artistas..., para después rematar diciendo que si acaso la Pantoja y poco más? ¿Recuerdas cuando me habla sin venir a cuento de la Jennifer y el Jossua, y el Jonny y la Lore del Gran Hermano? Pues en esos momentos pierde su encanto.
- Sí amo, tu es que eres un tipo muy leído. Me dice el perro y entonces lo miro para adivinar si ha puesto ironía o mala leche en la frase.
-¿Y a ti, pregunto ahora yo, te gusta la perra de la vecina, la yorkshide?
- Pues, sí…, rotundamente sí. Las perras pequeñas me soliviantan la lívido, excitan todos mis sentidos, me tornan un sátiro de los de cuernos y barbas de chivo, me ponen amo. ¡Me ponen! Pero ha diferencia tuya amo, yo no matizo. Los perros no necesitamos excusas.

viernes, 27 de marzo de 2009

Hoy el sol amarilleaba...


- Hoy el sol amarilleaba más de lo acostumbrado, ¿te has fijado Xoco?
- No amo, yo en si el sol amarillea más o amarillea menos no me fijo. Responde apático.
- Y el alborotar de los gorriones, como que ya empieza a anunciar los preludios del amor y los cortejos…, ¿sabes?
- ¡Puaj!, demasiado escándalo a horas que aún se duerme.
- Y el aire como que nos quiere inundar los sentidos de olores nuevos, recién nacidos, le digo
- Amo, a ti la primavera te produce siempre este empalago o, ¿es solo por aburrirme?
- Mira: si da la sensación, que cada nube sea como un suspiro de alguna niña enamorada que piensa en su amor.
- Tu puedes ver suspiros..., yo ni por asomo amo, me responde con un tono burlón.
- Y las flores…, ¿qué me dices de este estallido de color, de forma, de perfumes exóticos y naturales?
- Que me produce alergia y me dan ganas casi de cagar con tanta almibarada frase que me sueltas.
- Xoco, déjate seducir. Que la luz te inunde, que los olores te emborrachen. La primavera es la estación de la alegría, del dejarse llevar, del goce de los sentidos en toda su plenitud.
- Con todo el respeto amo…, tanta sensiblería me acerca a la náusea.
- ¡Xoco, hasta aquí he llegado contigo! ¡De ahora en adelante hablaremos sólo de los programas de la tele, de cómo bailan, o como cantan, y de política y de la crisis, mucha crisis!... ¿Te parece! Le digo más que molesto.
Se percata, como es listo, de mi enfado, que bien es verdad también lo he provocado, para que negarlo. Mi sensibilidad con la estación no alcanza a tanta pegajosa admiración. Y va y me responde pesaroso:
- Para demostrarte que puedo ser sensible, dame una semana y te compongo un poema.
- No me lo creo, pero te voy a dar la oportunidad. ¡Poeta! Le digo con sorna.
- Amo, en el próximo post. Te lo juro